Una trama de presunta corrupción, con un fuerte componente sexual, fue develada por una mujer detenida en la Seccional Segunda de la localidad de Oberá, lo que derivó en la detención de dos efectivos -un hombre y una mujer- que prestaban servicio en la citada dependencia.
Dicha medida fue ordenada por el magistrado Gerardo Casco, titular del Juzgado de Instrucción Tres de San Vicente, que actualmente está subrogando en el Juzgado de Instrucción Uno de Oberá por la feria de verano.

Según indicaron fuentes del caso, el más comprometido sería el sargento ayudante Juan M., quien afrontaría cargos por cohecho, extorsión y abuso sexual.
En tanto, la segunda acusada es una agente que cumplía la función de “llavero”, por lo que se sospecha que habría facilitado encuentros entre su superior y algunas detenidas.

Ambos funcionarios fueron apresados ayer cerca del mediodía y alojados en diferentes dependencias de la Unidad Regional II. El sargento ayudante fue puesto en custodia de la Seccional Quinta de Oberá y la agente fue trasladada a la comisaría de San Martín.
En las próximas horas los sospechosos deberán designar a sus respectivos abogados y posteriormente serán citados a indagatoria, instancia que podría concretarse a mediados de la semana en curso.

El caso generó un fuerte cimbronazo puertas adentro de la UR II, puesto que dejó al descubierto una situación que desde hace tiempo venía siendo comentada por los pasillos de la institución.
En diálogo con El Territorio, fuentes de la fuerza reconocieron la gravedad de la acusación, al tiempo que destacaron la importancia de avanzar en la investigación interna y judicial para deslindar las responsabilidades del caso.

Cigarrillos por sexo
Si bien las detenciones se concretaron en la víspera, la investigación del caso se inició el último viernes cuando una detenida solicitó la posibilidad de hablar personalmente con la jefa de la Seccional Segunda, la comisario Sandra Mabel Zarza Díaz.
Del encuentro también participó la subcomisario Paola Antonia Barrios, subjefa de la dependencia. Vale mencionar que ambas asumieron a fines de diciembre.

Sobre la denunciante, trascendió que permanece detenida desde septiembre del año pasado y brindó precisiones sobre el modus operandi comandado por el sargento ayudante Juan M., en complicidad con una agente.
La Seccional Segunda es la única dependencia de Oberá que alberga mujeres, desde contraventoras hasta acusadas de homicidio y delitos federales, como infracción a la ley de drogas.

En ese contexto habría proliferado el accionar de inescrupulosos funcionarios que ahora deberán rendir cuentas ante la justicia.
Según averiguó este matutino, los implicados están sospechados de hacer ingresar celulares a las celdas, negociar medicamentos y visitas fuera de hora.
Pero no sólo eso, ya que el policía habría utilizado su lugar de privilegio para cobrarse favores con actos sexuales a cargo de algunas detenidas.

Según testificó la denunciante ante las autoridades policiales, era habitual que el sargento cambie cigarrillos por sexo.
Incluso habría cobrado coimas a cambio de ciertos beneficios, como visitas íntimas en un sector de la dependencia. Asimismo, la carátula también contempla el delito de extorsión.

No descartan que haya más complicidades
Las detenciones de la víspera terminaron de confirmar una serie de sospechas que desde hace tiempo sobrevolaban la Seccional Segunda, al punto que a fines de diciembre las autoridades de la Unidad Regional II decidieron nombrar a dos mujeres al frente de la misma.
En principio, la explicación fue que se pretendía evitar “suspicacias y rumores” en torno a prácticas reñidas con la ley, como las que ahora trascendieron a la opinión pública.

También se mencionó que al ser una dependencia que alberga mujeres era conveniente ubicar al frente a personal del mismo género. De todas formas, también existe un sector para contraventores masculinos.
Con relación a las responsabilidades, si bien hasta el momento el sargento ayudante es el más comprometido y, en menor medida, la agente, tampoco se descarta que el avance de la investigación derive en mayores implicancias.

“Acá no sólo se quedaban con la comida o los cigarrillos de los presos, un reclamo habitual en las comisarías de Oberá, sino que había todo un sistema direccionado a lucrar con las internas. Además del agravante de los favores sexuales”, mencionó una fuente.

El Territorio.

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